A menudo, por divertirse, los hombres de la tripulación
cazan albatros, grnades pájaros de los mares,
que siguen, como indolentes compañeros de viaje,
al navío que se desliza por los abismos amargos.
Apenas les han colocado en las planchas de cubierta,
estos príncipes del cielo torpes y vergonzosos,
deslizan lastimosamente sus grandes alas blancas
colgando como remos sus costados.
! Que torpe y débil es este alado viajero !
Hace poco tan bello, ! qué cómico y qué feo !
Uno le provoca dándole con una pipa en el pico,
otro imita, cojeando, al abatido que volaba.
El poeta es semejante al príncipe de las nubes
que frecuenta la tempestad y se ríe del arquero;
desterrado en el suelo en medio de los abucheos
sus alas de gigante le impiden caminar.
domingo, 17 de enero de 2010
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