El primer débil latido de lolita vibró en mí a fines de 1939 o principios de 1940, en París, en épocas en que padecía un severo ataque de neuralgia intercostal. Si no recuerdo mal, el estremecimecimiento inicial de la inspiración fue provocado de algún modo por un relato periodístico acerca de un chimpancé, en el jardín des plantes, que, después de meses de incitaciones por parte de un científico, hizo el primer dibujo que haya esbozado nunca un animal. Ese dibujo mostraba los barrotes de la jaula de la pobre criatura.
V.N.
viernes, 5 de febrero de 2010
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